
Aprender a practicar Mindfulness
Aunque Mindfulness ha sido traducido de varias formas al español, la traducción que más se utiliza o más se conoce es la de “Atención Plena”. Realmente, lo normal sería que mantuviésemos la atención en lo que hacemos momento a momento, pero por desgracia no es así. Esta manera innata de actuar, se va desvaneciendo conforme vamos creciendo, llegando a poner al mando de nuestras vidas a nuestra mente y al sinfín de pensamientos que van y vienen constantemente sin ningún tipo de vigilancia u observación.
La práctica de Mindfulness nos ayuda a volver a tomar el control de nuestras vidas, siendo conscientes en todo momento de nuestros pensamientos, aprendiendo así a reconocer y gestionar nuestras emociones y, por tanto, adecuando nuestro comportamiento a lo que realmente decidimos ser, sin impulsividad, sin reaccionar.
Desarrollando esta presencia en el aquí y ahora, aprendemos a observarnos desde otra perspectiva, sin identificarnos con lo que sentimos o pensamos, desarrollando la autocompasión, la empatía, la compasión, la gratitud, la confianza…etc.
De este modo, conseguimos vivir cada experiencia como lo que es, sin interpretaciones basadas en creencias, o experiencias pasadas, logrando vivir cada momento con la curiosidad e inocencia de un niño, con aceptación y sin juicio, consiguiendo dejar el victimismo y el sufrimiento a un lado para vivir desde la confianza, la consciencia y la libertad.
Podemos practicar Mindfulness de manera formal (con prácticas de meditación diarias) o informal (en acciones cotidianas como ducharse, comer o caminar).
Los beneficios de esta práctica son más que reconocidos científicamente como la reducción del estrés, la mejora de la concentración y el bienestar en general, ayudándonos a recuperar nuestro equilibrio y a vivir una vida mucho más plena, conectando con lo que realmente somos y no con todas aquellas experiencias y creencias que nos han forjado.



