
El Hartazgo (Entrega 2 de 5)
Y después del hartazgo ¿hacia dónde ir?
Sentir hartazgo es casi común. Hay niveles bajos, medios, altos y mega superiores de hartazgo. Pero cualquiera que sea el nivel requiere un componente para ser motivador de cambio y no sólo una causa de queja constante.
El ingrediente indispensable es: “la rendición”.
Así es. Cuando hay hartazgo, necesariamente ha habido y sigue habiendo “lucha”. Un pleito constante contra lo que es, contra lo que está sucediendo, contra aquello que no ha podido modificarse.
Cuando se está luchando, se le echa la culpa a otra persona o a algo (que puede ser la vida, el destino o algo inexplicable). Y, aunado a ello, se lucha constantemente, contra eso y contra uno mismo.
Rendirse es aceptar incondicionalmente lo que es, tal cual es. Lo que está sucediendo, hoy por hoy, es así (en la realidad o en la mente). Rendirse es dejar de luchar. Parar un momento y asumir lo que es.
La rendición es indispensable para utilizar el hartazgo como algo favorable y no como la justificación perfecta para victimizarse ante una persona, ante una situación o ante los propios pensamientos. Es aceptar lo que sucede y tomar la determinación de que eso deje de suceder; entonces, y hasta entonces, el hartazgo abrirá la puerta al cambio.



