
Familias Conscientes, Hijos Despiertos
En la situación actual, en la que nos encontramos como sociedad, todos comentamos la necesidad de realizar cambios para poder adaptarnos, porque la sociedad va cambiando, aunque no con un rumbo adecuado, y los sistemas se van quedando anclados.
Nos damos cuenta de que los niños y niñas van rápido, que tienen toda la información al alcance de la mano, pero no cuentan con las herramientas y estrategias para poder utilizarla de manera adecuada, quedando a la deriva de aquellos que la dirigen según sus propios intereses.
Si queremos que la sociedad cambie, pero para bien, debemos comenzar por nosotros mismos. De nada sirve la queja si no va acompañada de pequeños actos de cambio a nivel individual, en los que el papel del adulto se hace indispensable, ya que el niño mal guiado, no podrá afrontar de manera correcta estos cambios tan necesarios.
Debemos actuar y educar desde la consciencia, desde la presencia del ser humano.
La educación consciente, es la manera de educar en presencia, entendiendo que, para poder conectar con el otro, sólo podremos hacerlo a través de la conexión con nosotros mismos.
La presencia es la base de la relación con nosotros mismos y con los demás, la base para poder identificar nuestros pensamientos, emociones y analizar los actos que realizamos desde la coherencia con lo que realmente somos y no lo que nos han obligado a ser.
Necesitamos adultos conscientes para poder conectar con los niños desde la presencia de todo nuestro ser en toda su multidimensionalidad.
La sociedad nos ha llevado al materialismo, a lo mental, al vivir en piloto automático, a desconectar de nuestra esencia para seguir patrones de conducta determinados única y exclusivamente por el interés económico o posición social. Pero la sociedad está demandando algo más, está demandando una vuelta a la conexión con lo que somos, con lo que queremos y lo que hemos venido a ser y hacer.
Los niños crecen abandonando lo que realmente traen; sus dones y talentos, su creatividad, para amoldarse a una sociedad estructurada donde no se permite ser porque sólo se requiere o valora lo que tenemos que hacer.
Necesitamos de padres y educadores conscientes, valientes, que se atrevan a mirar hacia adentro, a afrontar todas sus creencias, sus ideas preconcebidas, sus juicios y sus miedos, para poder sanar aquello que les limita y así estar preparados para acompañar a sus hijos e hijas en este camino llamado vida, en el que sólo de este modo podremos ofrecerles las herramientas necesarias para hacer de este mundo un lugar donde no nos preocupe a qué se dedicarán nuestros niños mañana sino quienes están siendo hoy.



